Hace más de 20 años un informe del Fondo Monetario Internacional planteaba el debate sobre lo beneficioso de la globalización frente a la amenaza de ser un factor acelerador de desigualdades. Más allá de ese debate, lo que ya era claro es que se trataba de algo inevitable e irreversible. En ese informe se hacía notar que “… los mercados promueven la eficiencia por medio de la competencia y la división del trabajo, es decir, la especialización que permite a las personas y a las economías centrarse en lo que mejor saben hacer…”. Así pues, era obvia la necesidad de desarrollo y revisión de lenguajes universales para normas de uso y reconocimiento global que permitieran entenderse más allá de mercados locales, y las valoraciones, como actividad transversal en la economía, han sido un claro y representativo ejemplo de ello.
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